Lo que yo llamo trastorno del sueño
Tengo ganas de contar muchos sueños extraños, inquietantes, experiencias a las que no puedo ponerles nombre (razón por la que estoy aquí), pero creo que de momento voy a explicar la situación de mi vida que más me ha desequilibrado y a la que nunca encontré explicación. Ni siquiera una psicóloga a la que visité pudo darme una respuesta.
Cuando tenía 19, 20 años, un día en concreto empecé a experimentar una serie de visiones cuando cerraba los ojos. No al irme a dormir, simplemente tumbandome y cerrando los ojos. Al principio eran unas manchas de color, yo me convencía de que eran restos de la luz o partículas del nervio óptico, algo físico y lógico. Eso fue evolucionando a círculos de colores que salían de mí hacia fuera en cuanto a perspectiva. Me parecía agradable e intrigante. Así que un día me tumbé en la cama boca abajo, me puse cojines al rededor de la cabeza para que no incidiera la luz por ningún lado, cerré los ojos y comencé a respirar profundamente. Yo buscaba saber qué pasaba con esas luces, manchas, círculos, si lo dejaba ser, si me dejaba llevar sin dormirme o sin abrir los ojos. Entonces después de 15 minutos aprox. viendo círculos de colores, los círculos se volvieron azul blanquecino, para acabar convirtiéndose en una mancha. Una mancha como una nube de humo gris azulada en medio de la oscuridad de mis ojos. Ahí sentí la taquicardia, algo había pasado, algo había cambiado. Y de repente en esa mancha comenzó a verse una sala, unas sillas enormes y una mesa enorme, en un salón antiguo y bonito. Era como el plano de una peli, se movía por la sala a la altura de las sillas, no había nadie. Esto duró no más de un minuto, pues me puse muy nerviosa y abrí los ojos, la taquicardia me estaba acelerando demasiado. Dejé de controlar la respiración. Me asusté con esa experiencia. Tuve miedo de mi misma.
Desde esa noche y a lo largo de casi dos años mi forma de soñar se trastornó. Esa noche soñé que llegaba a una verja gigante en medio de un bosque. La abrí y entré. Entre los árboles vi tigres y sentí tanto pánico que corrí bosque arriba, dejando la puerta de hierro atrás. Encontré un grupo de niños que construían una casa en lo alto de los árboles, eran inteligentes y tenían un buen método para hacerlo. Uno de ellos me dijo, “a qué esperas”, ayúdanos.
Bien, no recuerdo todo el sueño ni mucho menos, pero al día siguiente cuando me fui a dormir volví allí. Y al siguiente. Y al siguiente. Me quedé en una historia que no se repetía, solo continuaba, día tras día, incluso si dormía una siesta. No soñé con nada más durante casi dos años. En ese mundo teníamos una amenaza, animales salvajes, y teníamos que comer. Y cuidarnos los unos de los otros.
Durante un par de meses me pareció una fantasía, algo maravilloso y no se lo conté a nadie. Era mi secreto. Algo muy valioso para mi. Hasta que un día iba caminando por la calle, de camino al trabajo y como si de un fallo en mátrix se tratara, vi con mis ojos el bosque, en lugar de la calle. Fue una fracción de segundo. Al tiempo volvió a pasarme, y volvió a pasarme. Duraba más de un segundo, cada vez duraba más. Tuve que contárselo a mi pareja por que empecé a quedarme básicamente colgada durante segundo, en cafeterías, en casa, por que se me distorsionaba la vista y no sabía lo que estaba viendo. Como si mis ojos se hubieran vuelto locos. Empecé a controlar que eso no me afectara y a aprender a no dejarme embobar por esa sensación. A salir de ahí en mi día a día, mover mi cuerpo cuando eso pasaba. Pero había algo de lo que no me pude librar casi dos años. Era la horrible y mágica sensación de no tener la más mínima idea de qué era sueño y qué era vigilia.
En ese mundo yo vivía de verdad, conocí a esos niños y llegué hasta a llorar de día por volver allí. Empecé a plantearme si este estado era realmente el verdadero sueño…o qué. Así que después de casi dos años decidí ir a la psicóloga, por que aunque había aprendido a vivir con ello, y en el fondo me apasionaba, quería saber qué pasaba conmigo.
Esa psicóloga no tenía ni idea de qué pasaba conmigo. Me dijo que podría ser un estado de depresión y que quizá había creado un espacio mental donde vivir lo que necesitaba vivir. Algo parecido pero con más tecnicismo.
El caso es que dejó de pasarme, con el tiempo y no se a qué se debió comencé a soñar con otras cosas de nuevo, a veces volvía a ese sitio, siempre que volvía era para hacer algo peligroso, como trampas para osos o salvar a alguien. Hasta que dejé de volver. Ni siquiera recuerdo sus caras, pero viví con esos niños mientras me hacía adulta en este mundo y nunca sabré supongo qué pasaba en mi cabeza en aquel momento. Han pasado 7 años, pero a veces lo recuerdo como quien recuerda una pérdida, o un grupo de amigos que tuvo hace mucho tiempo.